TESTIMONIO DE MARIA LUZ GONZÁLEZ MARTÍNEZ, 26 - 12 - 1985

— Mi nombre es María Luz González Martínez, domiciliada en Madrid, calle Juan de Vera, 4-3º-M., D.N.I.: 50.685.149; de profesión Profesora de E.G.D., en la actualidad estoy trabajando en una guardería como profesora del Primer nivel de Preescolar, sita en la calle Embajadores n. 173, de Madrid.

— Quisiera dar testimonio de mi conversión, cambio de vida, como de los "hechos sobrenaturales" que he presenciado en "Prado Nuevo" de El Escorial.

Hace más de un año, mi hermana comenzó a hablarme de "Prado Nuevo", como de los "Mensajes de la virgen".

— Yo he sido marxista, y, aunque la figura humana de Cristo siempre la tenía presente, la de la Virgen la negaba, ya que, sin fe, es dificil creer en Ella. Por lo que me reía de mi hermana y de lo que decía. Pero ella continuó hablándome de la Virgen.

— Un día, en su casa me dio un librito de los Mensajes para que yo lo pudiera leer tranquilamente. Yo al leerlo sentí miedo y comencé a tener conciencia de pecado, encontrándome incómoda con toda mi vida anterior; ya que para mi el pecado no existía. Procuraba portarme bien en el sentido humano de la palabra, pero nada más.

— Progresivamente, mi hermana me presentó a una señora que conocía algo más de cerca los "hechos de Amparo", como de "Prado Nuevo". Pero mi vida no cambió en ese momento. Muchas veces mi hermana me decía: "¿Quieres venir a "Prado Nuevo?" Yo ponía unas veces una excusa, otras otra, para no ir.

— El día 5 de octubre de 1985, fui por primera vez a "Prado Nuevo" como mera observadora. El lugar me pareció bonito, con un olor especial. Al oir el mensaje de la Virgen, me quedé impresionada por la voz (alguien que sufre mucho) y por lo que decía sobre la pureza, la importancia de la Confesión y de la Comunión.

Quedé como asustada; en mi interior algo me inquietaba. Yo no tenía noción del pecado; pero no podía dormir ni descansar por las noches. Sin querer repasaba una y otra vez mi vida anterior. Me sentía mal y con miedos y temor. Tardé varias semanas sin atreverme a ir a una iglesia. Pensaba que, si entraba, se daría cuenta la gente de que yo no iba.

El día 17-X-1985, entré en la iglesia, fui a la sacristía y pedí que me confesaran. El Padre me dijo: "Si, aquí mismo; empieza...". Al confesar que había sido marxista, que mi conversión había sido a través de la Virgen María y de los Mensajes que Ella le daba a Amparo en "Prado Nuevo", se centró la conversación en "Prado Nuevo". Como el tiempo corre, él tenía que decir Misa, y me dijo que volviera otro día.

— Volví a casa triste y llena de dudas; ya que no sabía si había confesado o no.

— Un día o dos más tarde, hablé con una compañera del trabajo. Ella va a "Prado Nuevo" desde 1981 !coincidencias!. Ella me dijo que fuera a la Iglesia de Ntra. Señora de las Delicias. Así lo hice: El día 27 de octubre fui a confesar antes de Misa. Al entrar en la sacristía, había varios sacerdotes hablando de "las apariciones y mensajes de la Virgen en El Escorial". Yo estaba profundamente afectada; tantas vueltas había dado a mi vida anterior, con sentimiento de haber pecado siempre...

Confesé, y, al confesar, el Padre me dijo: "Hay faltas en tu vida que yo no puedo perdonar, por lo que tendrás que terminar la Confesión en el "Penitenciario de la Catedral (calle de Toledo); aunque cumple la penitencia que te digo, y puedes ir a recibir al Señor. Debes ir antes de un mes.

— Al día siguiente, 28, por la tarde, al salir del trabajo, fui a la Catedral de San Isidro -calle de Toledo- y confesé con un Canónigo. Este me preguntó que cual había sido el motivo por el que volvía la Iglesia. Al decirle que fue el "Mensaje de la Virgen en Prado Muevo", me dijo:
  1. Debes dar testimonio.
  2. Debes de seguir yendo a "Prado Nuevo", todos los sábados.
  3. Debes hacer caso en todo lo que la Virgen dice en sus Mensajes, procurando ser buena cristiana, dando testimonio de Cristo y de la Virgen Santísima, imitándola en todo, en humildad, y, sobre todo, en la fe.
— En la Misa del día 3-XI-1985, escuché que empezaba un Catecumenado de Iniciación para adultos. Fui a las Damas Apostólicas y me hice amiga de una de ellas y se lo comenté. Ella me dijo que lo hiciera.

— El día 4-XI, comencé el Catecumenado. Al Preparador le dije lo que me había pasado. El me dijo: "Quédate unos días. Si es lo que tú necesitas y buscas, te quedas..."

— Hasta ese momento no había tenido ninguna manifestación externa de los sucesos que contaban de "Prado Nuevo". Yo sólo a la Santísima Virgen le pedía fe, cada vez al rezar el Rosario.

— El día 10-XI fuimos a "Prado Nuevo", mi hermana, su marido y las niñas. Sólo había varias personas (3 ó 4) cerca del árbol. Me puse de rodillas y di gracias a la Virgen por haber transformado mi vida. Miré al sol y vi cómo podía mirarlo sin que me molestara. Continué mirándolo y el sol comenzaba a cambiar de formas, como si fuera una masa, y apareció una paloma en él. Dejé de mirar y continué rezando. Al momento mi hermána me dijo: "Luz, mira al sol". Al mirar vi que el sol giraba como loco cobre su propio eje. Sentí miedo y dejé de mirarlo. Le pedí a la Virgen que me diera más fe. Mi hermana me dijo: "Luz, mira al sol". Al mirar vi como una masa rojiza se formaba alrededor del sol, hasta formar un corazón, mientras el sol giraba en el interior. Al mirar al "Prado", vi una especie de humo amarillo que del suelo subía hacia el cielo por varios lugares.

— A los cinco o seis kilómetros, mi hermana, (ya de regreso a Madrid) le dijo a su marido: "Para el coche; vamos a ver si aquí se ve igual". Paramos, bajamos todos, y nadie podía mirar al sol. Serían sobre las dos o dos treinta de la tarde.

A la semana, vino una amiga mía de Londres (atea). Y una noche estuve hablando con ella de la Virgen y de sus Mensajes hasta cerda de las tres de la madrugada. Al ir a dormirme, vi la cara de mi madre (que murió hace seis años) y la de mi padre en el momento de morir. Luego a mi madre de nuevo, sonriendo. Al poco desapareció.

Día a día le pido a la Virgen que me dé más fe. Rezo el Rosario todos los días y cada vez que puedo, voy a "Prado Nuevo".

Hasta en el trabajo dicen que he cambiado. Hay quien no quiere saber nada de mí (amigos). Otros dicen que necesito un psicólogo o un psiquiatra, por el hecho de hacer cambiado de vida, valores, ser Cristiana y procurar con mis limitaciones ir conociendo más Dios y estar dispuesta para lo que El quiera de mí.

También he visto al sol cambiar de colores. Y en la frente de una amiga, una mancha de color violeta claro, casi rosado. Al decírselo algo asustada, ella me dijo: "Estate tranquila, esta marca que ves me la han puesto los ángeles el día 2 de junio, en "Prado Nuevo".

— Le doy gracias a Dios y a la Virgen por haber introducido en mi alma la necesidad le acercarme a Cristo y al Padre, "procurando ser cada día mejor y más Cristiana.

— Firmado: Luz Glez. Rubricado.