TESTIMONIO, RECIBIDO, VÍA INTERNET, EL 10 – 07 - 2006

ENVIADO POR MARIA:

Cuando vivía en el mundo, sin querer saber nada de Dios, quería sólo el gozo exterior, poseer y tener y toda la alegría del triunfo que tanto me gustaba.

¡Que necia!, pensar que todo era logro por mí y nada de mi Abba.

¡Que dolor!, retroceder atrás, viendo el egoísmo, la rabia y el odio que me envolvían y así yo creía que sería feliz.

De Dios sólo me acordaba cuando había problemas en mi casa y pensaba que si su imagen iba y visitaba, Él quitaría la cruz a mi familia y a mí. ¡Bien ilusa que estaba!...

De nuestra Madre la Virgen María, nada de nada, ni siquiera una mirada, y si la veía a Ella, reprochaba que siendo pobre, bien que la engalanaban con ricas joyas que le regalaban.

La palabra de Dios no penetraba en mi corazón, y si iba a misa era por guardar las apariciencias en la sociedad.

Bodas, comuniones, bautizos... ¡Que más da!. Hasta que llegó la hora de ir al Escorial. Y en Prado Nuevo, la Virgen María me enseñó a perdonar. Pero muy lentamente, empecé a cambiar, porque solo Dios conoce alma y corazón.

Hoy, después del tiempo que pasó, este testimonio quiero mandarles a ustedes y decirles que Dios es generoso cuando te arrepientes de corazón y como un Padre amoroso, viene a consolar a todo aquel que en su vida a Cristo deja ya entrar.

Qué gozo y alegría mi alma siente cuando hoy recibo a Cristo, Jesús, que por todos nosotros murió en Cruz, y hoy vive en la Comunión. ¿No habéis leído, hermanos, que es el pan de vida bajado del Cielo?

Mas todos antes de tomarlo debemos confesar, porque Él nos dejó el Sacramento de la Confesión y así nuestra alma limpia lo recibirá.

Cuánto amor veo y siento en El Escorial, cuando a Prado Nuevo voy a rezar, ese Rosario que con amor la Virgen María nos enseñó, y conforme pasas las cuentas, más amas a la Madre de Dios.

¡Cuantas bendiciones querida Madre nos das, en ese bello Prado donde a todos nos enseñaste a orar!.

 

Maria Ascensión García Ruiz

Jaén. España.