TESTIMONIO, RECIBIDO, VÍA INTERNET, EL 05 – 07 - 2006

ENVIADO POR PAQUI:

ASÍ ENCONTRÉ A DIOS

 

 

Mi nombre es Paqui y deseo contar cómo un día conocí a Dios, este Dios que llamamos Padre y le tenía olvidado. Fue algo precioso y sucedió en un bello Prado.

Les diré que me casé por la Iglesia, cuando sólo tenía 15 años con un hombre algo mayor y tuvimos 4 hijos fruto de aquel amor. No íbamos a la Iglesia, ni solíamos rezar, pensamos durante más de 30 años en amarnos y disfrutar. Nunca di gracias a Dios, pues mi Dios era mi esposo, solo pensaba en él y en mis hijos y creí que lo tenía todo. Un buen día Dios, nuestro Padre, quiso quitar nuestra ceguera y permitió que mi marido una enfermedad padeciera. Todo lo hizo con mimo y amor, pues quería que no tuviéramos miedo a la muerte y que existe una Resurrección. Cuando los médicos le dijeron que le quedaba unos meses de vida, ya sin creer en nada fui a Prado Nuevo del Escorial un día. Sabía que de Jaén iban varios autobuses los primeros sábados de mes al encuentro de nuestra Bendita Madre. Conocía a algunas personas que estando cargadas de problemas, cada mes cuando regresaban, traían una sonrisa nueva; era algo tan especial que lo iban transmitiendo, y llena de dolor quise ir a aquel encuentro.

Fue el día 5 de septiembre del año 1992 cuando pisé aquel Prado y le pedí a la Virgen que me diera resignación y que si era posible cambiara los meses que le quedaba de vida a mi esposo por años para que pudiera ver a nuestra pequeña hija con sus estudios terminados ya que los tres mayores los tenía situados.

¡La Virgen me lo concedió! Y mi esposo siguió trabajando todo lleno de ilusión. Sorprendidos estaban los médicos de Jaén, y los de fuera, pues quisimos ir a Pamplona a que le hicieran unas pruebas, pero dieron los mismos resultados y aquel problema hepático, gravemente activo se había estacionado y en vez de ir en aumento,  a pesar de seguir teniendo la enfermedad, él siguió como les digo trabajando y yo yendo a Prado Nuevo para darle gracias a la Virgen por todo lo que estaba haciendo. También empezó a venir esta pequeña hija mía y ahora quiero contar lo que la Virgen quería. ¡Sí, hermanos en Cristo! Nuestra Madre deseaba que conociéramos a Jesús su hijo. La primera en confesar fui yo, después de llevar sin hacerlo más de 30 años y casi sin darnos cuenta a los tres nos fue preparando. A mi esposo para vivir más tarde junto al Padre y a mi hija y a mi para dar a conocer que existe Dios y que tenemos una Madre, esta Madre dolorosa que toda llena de amor y dolor, viene a buscar a sus hijos para acercarlos a Dios. ¡Ay, hermanos míos, que grande fue nuestra conversión!

Mi esposo  vivió junto a nosotros 5 años, a pesar de lo que los médicos dijeron, falleció el día de San Miguel y sé que está en el cielo, pues fue muy fuerte su conversión ya que pudo confesar sus faltas y recibir la Comunión. Cuando estaba en coma, yo seguía bajando a la Capilla del Hospital y me postraba ante el Sagrario y le pedía a Jesús que no se lo llevara con Él, hasta el día de su Santo. Un día rezando el Padre Nuestro sentí en mi corazón: “¡Tu no sabes rezar, para que Yo te perdone antes habrás tu de perdonar!”.  Y vi, dentro de mi, a las personas que me habían hecho daño y había dejado de hablar. Con un amor increíble me puse por ellas a rezar y ya no tenía pena sino mucha confianza. Sentía dentro de mi corazón la frase de Santa Teresa: “Quien a Dios tiene nada le falta” y dentro sentía su Amor y que me concedía esa gracia.

Y así fue que mi marido nos dejó el mismo día de su Santo y cada mes voy a Prado Nuevo a rezar el Santo Rosario. Así lo llevo haciendo desde hace 13 años y mientras viva seguiré yendo, porque gracias a Nuestra Madre, la Virgen, he vuelto a nacer de nuevo. Hoy solo pienso, hermanos míos, en agradar a Dios y en cumplir con su palabra haciéndola vida en mi corazón.

 

Gracias, Padre querido, porque mi corazón has llenado de versos siendo una torpe criatura que casi no fue al colegio.

 

6/6/2006.

 

Paqui Castro

Jaén