MENSAJE DEL DÍA 7 DE SEPTIEMBRE DE 1991, PRIMER
SÁBADO DE MES,
EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL
(MADRID)
LA
VIRGEN:
Dije, hija mía, que mis palabras iban a ser cortas,
pero llenas de amor.
Todo está dicho, hijos
míos; sólo os falta, hijos míos, que acudáis a mi Inmaculado Corazón, que él os
protegerá. ¡Mira qué manto, hija mía, más inmenso: el manto del amor! Todo el
que viene a mi Inmaculado Corazón es protegido bajo este manto y no le dejaré
salir de él. Es tan inmenso, hija mía, que todos caben
debajo de él. Mira si hay miles y miles de billones metidos bajo mi manto. Soy
Madre del amor y, por eso, aviso a mis hijos.
EL
SEÑOR:
Yo vengo como amigo y,
por eso, quiero explicar a los hombres que el amigo da la vida por el amigo. Yo
amé tanto a los hombres que de Padre me hice Hijo, y, estando en la eternidad,
vine al tiempo, y, dando vida, vine a buscar la muerte, y, sin necesitar la
palabra, me hice Palabra. Yo no necesitaba la palabra. La palabra fue hecha para
los hombres. Me hice hombre igual que los hombres en todo menos en el pecado,
para recobrar la amistad que había perdido con ellos. Vine a hacerme hombre y a
morir en una cruz. Derramé mi Sangre para la redención y la salvación de las
almas. Os comunico mis misterios, hijos míos, porque os amo. Sólo un amigo es
capaz de morir por el amigo; por eso os digo, hijos míos: sed pacientes, amaos
unos a otros y practicad ese mandamiento del amor. Todo el que da la vida por el
amigo tendrá vida eterna... (En voz baja se escuchan unas palabras
ininteligibles).
Tienes que ser
valiente, hija mía, y comunicar a los hombres mi palabra. Ni el desprecio, ni la
calumnia, ni la crítica te tiene que angustiar, hija mía. Sé fuerte. Tienes que
luchar mucho contra grandes batallas, hija mía; pero que prevalezca en ti el
mandamiento del amor, hija mía.
Si nosotros estamos
contigo, ¿qué te importa los que vayan contra ti, hija mía? Tu misión es sufrir;
tu misión es amar.
Se han derramado
gracias suficientes para que los hombres cambien sus vidas; pero aún quiero
decir a los hombres que son mis amigos y que todo el que quiera venir, lo
espero, y que soy el mejor amigo, el pastor que busca a su oveja cuando se
pierde; el que dio la vida por su rebaño.
LA
VIRGEN:
Sólo estas palabras,
hijos míos. Humildad os pido.
Levantad todos los
objetos; todos serán bendecidos con gracias especiales, hijos
míos...
Os bendigo, hijos míos,
como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.
La paz os dejo, hijos
míos.