MENSAJE DEL DÍA 3 DE OCTUBRE DE 1987, PRIMER
SÁBADO DE MES,
EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL
(MADRID)
LA VIRGEN:
Aquí estoy, hijos míos.
Hoy os vengo a hablar de la Iglesia. En estos tiempos, hijos míos, es necesario
que los hombres conozcan la Iglesia tal como es. La Iglesia tiene una gran
belleza, pero los hombres la han afeado con su pecado. Muchos predicadores y
pastores de la Iglesia se han separado de ella, porque no saben la hermosura de
ésta y
la infinita alegría que
hay en ella; no han comprendido el misterio de la donación de Dios al hombre. La
Iglesia está llena de divinidad. La Iglesia es santa, hijos míos, porque es
regida por el Espíritu Santo, en unidad del Padre y del Hijo, de los hombres con
Dios. La Iglesia no se equivoca nunca, como Iglesia, cuando habla, porque es el
Verbo el que habla por ella. Orad mucho, hijos míos, y pedid por estos pastores
que se han separado de la Iglesia. En la Iglesia, hijos míos, hay
belleza, tragedia y una
gran riqueza, que es Cristo. Dios pone a su misma Madre para traeros el mensaje
de salvación eterna.
Todos estos pastores y
predicadores que se han salido de la Iglesia, por su soberbia, han perdido lo
sobrenatural y, al perder lo sobrenatural, que es lo que les hace amar y
obedecer al Papa y a los obispos, se han quedado en tinieblas. Pedid mucho por
ellos, hijos míos.
Luego, hay otro gran
grupo de pastores que les falta fe, esperanza y caridad, y presentan a los
hombres una Iglesia raquítica y un Cristo desfigurado.
Luego, hay otro
reducido número de pastores que hablan de la Iglesia con todo su esplendor. Así
es como hay que presentar a la Iglesia.
El enemigo quiere
retirar de las almas dos caminos que son importantes para la salvación: la
Eucaristía y María, que son los dos caminos de salvación. Sí, hijos míos. Yo soy
el
canal para llevaros a
mi Hijo, porque mi Hijo se comunicó conmigo en su vida, en su misión, en su
tragedia, y los dos presentamos al seno de la Iglesia la vida, la misión y la
tragedia de Jesús y María, y ésta tiene estos misterios para comunicárselo a los
hombres. Somos una sola fuente casi, hijos míos, porque todo esto se hizo por el
gran misterio del Nacimiento divino de Cristo.
Por eso os pido: amad
mucho a la Iglesia; la Iglesia es el camino de salvación.
Frecuentad los
sacramentos, hijos míos, y venid a María, que María os conducirá por el camino
del Evangelio. Sed humildes, hijos míos; sin humildad se pierde la gracia
sobrenatural.
Y tú,
hija mía, ama a la
Iglesia con todo tu corazón y enseña a amarla. A Jesús por María. Enseña que yo
soy la fuente de gracias que Dios mi Creador ha puesto para la salvación del
mundo. Por eso el enemigo quiere borrar mi nombre de la Iglesia. Y quiere quitar
toda la devoción a mi Inmaculado Corazón. Mi Corazón Inmaculado triunfará.
Extended la devoción de este Inmaculado Corazón y amad a la Iglesia, hijos míos.
Es necesario en estos tiempos que los hombres se reúnan en la iglesia a orar.
Las iglesias se encuentran vacías. El hombre no tiene tiempo nada más que para
divertirse. La juventud está corrompida por el pecado. Sólo la oración, el
sacrificio, la penitencia, podrá ayudar a salvar a muchas
almas.
Dios prueba a los
hombres con castigos y con gracias que derrama, y los hombres no vuelven su
mirada hacia Él. ¡Son duros de corazón! Orad, hijos míos, orad. Os digo como mi
Hijo decía a sus apóstoles: orad mucho para no caer en
tentación.
Y tú, hija mía, sé
humilde, muy humilde, para poder conquistar a las almas. Con dulzura, con
alegría, con humildad se conquistan las almas, hija mía.
No os abandonéis en la
oración. Y extended la devoción a mi Inmaculado Corazón.
Besa el suelo, hija
mía, en reparación de todos los pecados del mundo... Y orad por estas pobres
almas.
Levantad todos los
objetos; todos serán bendecidos con bendiciones especiales para la conversión de
las almas...
Todos los objetos han
sido bendecidos.
Os bendigo, hijos míos,
como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.
Adiós, hijos míos.
¡Adiós!