MENSAJE DEL DÍA 1 DE AGOSTO DE 1987, PRIMER
SÁBADO DE MES,
EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL
(MADRID)
LA
VIRGEN:
Hija mía, voy a seguir
pidiendo amor. El mundo está enfermo por falta de amor, hijos míos. Los hombres
no creen en el amor; lo han desnaturalizado con el pecado. El amor, hijos míos,
es muy importante en las almas. Si hubiese amor, habría paz, pues el amor es la
herencia de la caridad, hijos míos. Pero los hombres no creen en el amor puro y
limpio. Sólo los limpios de corazón creen en las riquezas del amor, hijos míos.
Un corazón sin amor es ruin, hijos míos, está tibio.
Mira el fruto de la
Cruz, hija mía; mira a todo un Dios hecho hombre que muere de amor por sus
criaturas y se deja traspasar de parte a parte su cuerpo por el amor. Y mira si
ama sus llagas, hija mía, que hasta en el Cielo sigue con ellas. Así es el amor
de todo un Dios.
Haced mucha oración,
hijos míos. Entregad vuestro corazón a Dios vuestro Padre. Satán se está
apoderando de muchas almas: en los hogares arma la discordia y los destruye; en
la juventud, los vicios de la carne y de los placeres, y arrastra con ellos. Es
muy importante, hijos míos, que en estos tiempos críticos que Satán quiere
hacerse el dueño de las almas, no os abandonéis en la
oración.
Llevad objetos piadosos
con vosotros. Que todos esos objetos sean bendecidos en este lugar y por las
almas consagradas. No os desprendáis de esos objetos, para que Satán no reine en
vuestros corazones.
Invocad mucho al rey de
los ejércitos, que es san Miguel Arcángel, en vuestros hogares. Llevad sobre
vuestro cuello una medalla de este gran Ángel, para combatir contra el
enemigo. El enemigo quiere destruir el mundo. Orad, orad, hijos míos, para
que vuestra alma esté fuerte y el enemigo no pueda. Estos momentos son muy
críticos, hijos míos, para las almas.
LUZ
AMPARO:
¡Ay, Señor, ay! Yo
muchas veces me quejo del sufrimiento, Señor. Pero dame fuerzas para poder
soportar el sufrimiento, la calumnia... ¡Dame muchas fuerzas! A veces yo
también, Señor, desfallezco. A veces no puedo con el
dolor.
LA
VIRGEN:
No te quejes, hija mía;
mi Divino Hijo quiere que sufras hasta el fin de tus días. No te quejes en el
dolor. Refúgiate en nuestro Corazón. Los humanos siembran tu camino. Pisa las
espinas, hija mía, y aprieta tus pies sobre ellas hasta que sangren de dolor,
por las almas. Sólo la penitencia, el dolor, la oración, el sacrificio puede
arreglar algo de lo que está torcido en el mundo, para poder conquistar a tantas
y tantas almas que se han desviado del Evangelio. El enemigo forma discordia en
la Iglesia, en la Iglesia de Cristo. Enfría los corazones de sus almas
consagradas, porque quiere apoderarse de lo que más ama mi Hijo. Haced oración,
hijos míos, pedid mucho por ellas.
Y vosotros, hijos míos,
todos los que venís a este lugar, refugiaos en mi Inmaculado Corazón y quedaréis
sellados hasta el fin de vuestros días, para que Satán no pueda apoderarse de
vuestras almas, hijos míos.
El pecado de las almas
está tan invadido en el mundo, hija mía, que la misericordia de Dios se está
acabando, y no tardará en derramar su justicia. Por eso pido oración,
penitencia, sacrificio. Amad a la Iglesia, hijos míos, y venid a vuestra Madre,
para que yo ponga mi manto sobre todos vosotros.
Y tú, hija mía, sé
fuerte. Ya sabes los designios de mi Hijo contigo: el sufrimiento para la
salvación de las almas. Como te he dicho otras veces, hija mía, el dolor
purifica; el placer mancha. Ora mucho y humíllate, hija mía; “el que se humilla,
será ensalzado”. Besa el suelo, hija mía, por todos los pecadores del
mundo...
Todo lo ha dicho mi
Corazón. Y vuestra Madre, hijos míos, os está dando avisos de salvación; no
cerréis vuestros oídos, hijos míos. A los humanos... (Palabras en idioma
extraño).
Sí, hija mía, les
parece raro que vuestra Madre se manifieste tantas veces en este lugar. En otros
puntos del mundo también me estoy manifestando a las almas, haciendo una llamada
a la paz, al amor, porque veo el peligro que hay en el mundo, y quiero recordar
a los hombres que sus corazones están endurecidos por el pecado. Que reciban al
Espíritu Santo en sus corazones, que sólo con el espíritu de oración y de
sacrificio podrán salvarse, y todo esto está olvidado en el mundo. ¿Cómo no voy
a manifestarme, hijos míos, para avisar el gran peligro que acecha a las
almas?
Satán está
destapándose, y muchos secuaces de Satán están engañando y arrastrando a miles y
miles de almas fuera de la Iglesia... (Palabras en idioma desconocido).
Mira si está cerca, hija mía... (De nuevo, idioma extraño). Por eso hago
un llamamiento apremiante a la oración, a la penitencia. Es necesario, hijos
míos, que todos oréis, que todos os améis. Me gusta la oración comunitaria,
tiene mucho valor. Amad a vuestra Madre, y amad a Jesús, hijos
míos.
Voy a dar una bendición
muy especial sobre estos objetos para la conversión de las almas. Quiere mi Hijo
templos vivos; es necesario, hijos míos. Oración, oración pido. Estas
bendiciones servirán para convertir a muchos pecadores, para que Satán no se
acerque a las almas. Y todo el que venga a este lugar será sellado, hijos
míos.
Levantad todos los
objetos; todos serán bendecidos...
Y estas bendiciones,
hijos míos, caerán sobre vuestra alma como gracias del Cielo para ablandar
vuestros corazones.
Os bendigo, hijos míos,
como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.
Amor, hijos míos, os
pido. He empezado con amor y termino con amor. Un corazón sin amor es ruin, frío
y despreciable ante los ojos de Dios.
Amaos, hijos míos, como
Cristo os amó. Y tú, hija mía, refúgiate en nuestros Corazones y serás
fortalecida.
Adiós, hijos míos,
adiós.