MENSAJE DEL DÍA 6 DE ABRIL DE 1985, PRIMER SÁBADO DE MES,
EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)
LA VIRGEN:
Hija mía, aquí tienes la cita.
LUZ AMPARO:
¡Ay!, Tú me pediste venir, pero ¡cómo me lo han prohibido! Me han dicho que me abstenga; para mí es prohibirme. ¿Tú, qué dices?, porque yo lo paso muy mal, yo quiero venir a este lugar, pero ayúdales Tú, para ver lo que hacen. ¡Ay, Madre mía, Tú que lo puedes todo!
LA VIRGEN:
Nadie, hija mía, nadie podrá destruir los planes divinos.
LUZ AMPARO:
¡Ay!, pero a mí me están destruyendo con no venir aquí a este lugar.
LA VIRGEN:
Ven todos los días, hija mía; aquí te espero.
LUZ AMPARO:
¡Ay, Madre mía, qué grandeza! ¡Soy tan soberbia, que quisiera venir todos los días y hablar contigo! A veces estoy muy triste. ¡Ay!
LA VIRGEN:
Obedece, hija mía, únete a ellos en la obediencia. No has hecho votos, pero para mí es muy importante.
LUZ AMPARO:
¡Ay, qué grande eres, Madre mía! ¡Ay!, hazme lo que quieras porque soy soberbia; si quieres, humíllame.
LA VIRGEN:
Mira, hija mía, todos éstos que ves, con el Rosario en la mano, han sido mártires de mi oración.
LUZ AMPARO:
¡Ay! Todos vestidos de blanco. ¡Cuántos rosarios! ¡Ay...! ¡Qué grande eres!
LA VIRGEN:
Te sigo pidiendo: seguid rezando, hijos míos, seguid haciendo sacrificios.
También pido, hija mía, que pidas que se mortifiquen los sentidos y que amen a Dios, su Creador, con todo su corazón, con todas sus fuerzas.
Únete, hija mía, al Vaticano, pide por el Vicario de Cristo; no te salgas, hija mía, ni escuches a aquéllos que vayan en contra del Vaticano.
Ámanos mucho, hija mía. Te sigo repitiendo: crucifícate por las almas consagradas. Obedece, hija mía, ¡la obediencia es tan importante!
LUZ AMPARO:
¡Ay, qué gozo! ¡Ay, qué alegría siente mi corazón! ¡Ay, qué grande eres, Madre mía! Ayúdame a soportarlo todo. Ayúdame, Madre mía, quiero ser fiel y obediente, humilde. Es muy duro, Madre mía. ¡Ay!
LA VIRGEN:
Pide por los sacerdotes, hija mía; pide, pero no los critiquéis; pide que se llenen de Dios, y que el Espíritu Santo los ilumine para que lleven la sal de la tierra por todos los rincones del mundo y para que lleven almas al Cielo.
LUZ AMPARO:
¡Ay! Tú sabes, Madre mía, que yo os quiero mucho a los dos, con todo mi corazón, con todas mis fuerzas. ¡Os amo tanto, Señor! He empezado tarde a amaros, pero os amo con todo mi corazón, y quiero dar mi vida por vosotros. ¡Ay, Madre mía!, Tú dices que hay muchas maneras de ser mártir, pero yo quiero ser mártir. ¡Ay! ¡Madre mía!
LA VIRGEN:
Todos los primeros sábados tengo una cita contigo, hija mía. Yo escogí este lugar, no lo escogiste tú; por eso yo te pediré a qué hora puedes venir a este lugar para poder comunicarme contigo. Yo escojo mis lugares, nadie me los escoge.
LUZ AMPARO:
¡Ay! ¡Ay, Madre mía, qué grande eres!
LA VIRGEN:
Dad ejemplo, hijos míos, con vuestra caridad, con vuestra humildad y con vuestro amor. No pidáis paz, si antes no la hacéis vosotros.
Besa el suelo, hija
mía, en acto de humildad.
Y sé humilde, muy humilde; y pequeña, muy pequeña, para poder moldearte a nuestro capricho.
También os voy a dar una bendición muy especial, hijos míos. Esa bendición vendrá del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.
Os bendigo a todos, hijos míos. Adiós.