MENSAJE DEL DÍA 8 DE JULIO DE 1983
EN SAN GIOVANNI ROTONDO (ITALIA)
(Éxtasis y estigmatización de Luz Amparo en el
Convento de los Padres Capuchinos de San Giovanni Rotondo (Italia), lugar donde san Pío de Pietrelcina quedó estigmatizado por vez primera. Al mismo
tiempo, recibió el siguiente mensaje. En la grabación, como fondo, se escuchan
los cánticos religiosos entonados en el
templo).
LA VIRGEN:
Hija mía, sé imitadora, hija mía, de esta alma consagrada; vas a sufrir mucho, pero él también sufrió, hija mía, para la salvación de las almas. Es preciso, hija mía, coger almas víctimas para la salvación de los demás. Imítale, hija mía, imítale; pero sé fuerte; vas a recibir pruebas de dolor más fuertes, hija mía; imita a esta alma consagrada, que, por estas almas y por otras muchas, hija mía, se salvará la tercera parte de la Humanidad, hija mía.
Sé fuerte, sé fuerte, porque los humanos, hija mía, te harán mucho daño, hija mía.
Besa el suelo, hija
mía, besa el suelo... Por las almas consagradas, hija mía, por estas almas, para
que sean imitadores a esta alma víctima que escogió mi Hijo y que está gozando
de su presencia, hija mía. Tú, todavía no ha llegado el momento; sé fuerte, vas
a sufrir, pero es preciso sufrir para conseguir la Gloria, hija
mía.
LUZ AMPARO:
¡Ay...! (Pausa de
silencio). ¡Padre!
(Posteriormente, Luz
Amparo explica: “Al padre Pío le vi joven, sin barba, vestido con una túnica
blanca, sin llagas, resplandeciente, con un cáliz rodeado de luz. De este cáliz
tomó una Sagrada Forma y me la dio. Yo no pensaba decir que el padre Pío me
había dado la Comunión, si no me hubiera dicho el arcángel san Gabriel que lo
revelara”).
LA
VIRGEN:
Mira, hija mía, dónde se encuentra esta alma víctima, esta
víctima de reparación...
(Continúa explicando
Luz Amparo en otro momento: “Vi una morada llena de luz blanca; vi allí otras
almas resplandecientes vestidas totalmente de
blanco”).
Para todos los que
escoge mi Hijo está preparado este puesto, hija mía. Vale la pena, hija mía, vale la pena
sufrir... (Luz Amparo emite un largo lamento).
Todavía no has
cumplido la misión, hija mía, sé fuerte, no tengas miedo a nadie. Mi
Hijo está contigo y, estando contigo mi Hijo, ¿a quién puedes temer, hija
mía? Imita a este alma; has visto a este alma
consagrada, hija mía; sufrió mucho también, sufrió mucho para salvar las
almas... (Luz Amparo se lamenta durante unos
instantes).
Os bendigo, hijos míos, como el Padre os
bendice con el Hijo y con el Espíritu Santo.
Sé humilde, hija mía,
la humildad es la base principal para llegar al Cielo.
Adiós, hija mía. ¡Adiós!